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18 may 2011

El final de Fidel Castro



Recuerdo cuando Venezuela daba un bolívar para ayudar a la revolución cubana.

Cada venezolano – la inmensa mayoría – lo hacía con gusto, convencido de que de esa manera contribuía a derrotar la dictadura del sargento Fulgencio Batista.

El corrupto gobernante garantizaba a los turistas la “dulce vida”. A Cuba se le consideraba una gran bacanal. Cierto o no, esa era la imagen que irradiaba.

Cuando bajan de la Sierra Maestra, los barbudos victoriosos, encabezados por Fidel, la alegría es mundial.

Se decía que había triunfado la libertad. Prometían elecciones libres a la vuelta de la esquina.

Eran momentos en los cuales se requería de gran coraje o valentía para afirmar que Fidel o el Che, su principal lugarteniente, eran comunistas. Hacerlo era convertirse casi en un hereje.

Se iniciaron los fusilamientos, y las persecuciones contra la Iglesia católica. No pocos sacerdotes cayeron, y numerosos fueron aventados al exilio. Las cárceles fueron abarrotadas y a la disidencia se le calificaba de gusanos, apátridas y de otras lindeces propias del léxico comunista.

A nadie se le creía que no todos lo eran y que si lo eran no tenían que ser víctimas de tan crueles y sanguinarios procederes.

Conocí a algunos cubanos exiliados, en Maracaibo, que eran y son ejemplos de dignidad, decoro, eficiencia profesional y honestidad. Uno de ellos, de profunda convicción cristiana católica, fue más que un amigo.

Betancourt derrotó a la vedette de entonces cuando, la revolución cubana invadió a Venezuela por Machurucuto. El Ejército venezolano actuó patrióticamente en defensa de la soberanía nacional. Betancourt había negado ayuda a Castro en los arbores de 1959 cuando se estrenaba la democracia en la patria del paladín de la libertad: Simón Bolívar.

Rómulo Betancourt sería un gran presidente y no aceptó la reelección en su momento.

Juan XXIII, el Papa Bueno, excomulgó en esos días a Fidel Castro. El humilde y bondadoso santo Papa, tuvo el coraje de convocar el Concilio Ecuménico Vaticano II, innovador y vigente aun, interpretando los signos de los tiempos que clamaban libertad y justicia.

Fidel hace pensar.

Hombre de indiscutible talento y carisma ha debido leer, releer e internalizar a Maquiavelo, uno de los grandes personajes del Renacimiento ocurrido en Europa en el siglo XVI. Ha debido hacerlo con El Príncipe, obra máxima del florentino, que es un tratado de relaciones políticas que se refieren a cómo debe ser un gobernante: diestro en el engaño, de virtudes solo aparentes, amoral, indiferente, por tanto, al bien y al mal, moverse según los vientos, concentrar en él todos los poderes, autoritario, ser él la ley, y el único, por sus cualidades excepcionales – se lo cree – capaz de ser el príncipe.

Fidel creyó todo eso. Sumió a su pueblo en el dolor afuera y adentro.

Acaba de asistir al VI Congreso del PCC y no habló, el hombre de los interminables discursos. Días atrás se concretó a enviar un mensaje de pocas palabras: “Que hagan las reformas necesarias”.

Es su final. De un silencio ruidoso, como dijera Omar Barboza en, Cuba: Rectifica o se hunde (Panorama, 9-5-11). Y de aceptación de las palabras de su heredero, actual presidente de Cuba, de que ningún funcionario de alta jerarquía podrá durar más de diez años en el poder… él, que duró al frente del mismo, más de cincuenta años.

José Vicente Rangel, pienso yo, le rinde homenaje en su final, citando a Juan Pablo II – determinante en la caída del comunismo – quien manifestó a Bertone, cardenal, que fue Fidel Castro el presidente que más se preparó para recibirlo leyendo sus Encíclicas y todos sus artículo.

Rafael Inciarte Bracho
 
Fuente: El Librepensador


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  • 27 mar 2011

    Salto al Capitalismo

    Konstantin Chernenko (i), Fidel Castro y el presidente soviético Leonid Brezhnev en Moscú, 1981.

    Cuando debió callar, leyó en la Plaza de la Involución la carta de despedida del Che Guevara, que debía ser leída en caso de muerte. Cuando debió hablar para hacer revolución, calló.

    Segunda mitad de la década de los 70. La Junta Militar de la República Argentina rompe el boicot que Estados Unidos impuso y le vende trigo a la Unión Soviética.

    El gobierno de la URSS, presidido por Leonid Ilich Brezhnev, sin reparar demasiado en los miles de militantes de izquierdas que se encontraban en campos de concentración, torturados salvajemente y luego arrojados desde aviones al Río de La Plata, manda a colocar la medalla de Lenin en la pechera de altos mandos militares argentinos, por contribuir a la causa de la Patria de los proletarios. El billete es el billete.

    La Junta Militar otorga la medalla de José de San Martín a altos mandos soviéticos que viajan a Argentina con tales efectos, mientras, por la causa proletaria gritaban como cerdos en el matadero los hombres y mujeres comunistas en aquellos agujeros del terror, que el gobierno había confeccionado para acabar con la amenaza marxista y peronista.

    Una y otra vez los exiliados argentinos en Cuba escuchábamos como su principal dirigente, Fidel Castro Ruz, en sus extensos discursos, jamás denunció las prácticas fascistas ni dictatoriales en la tierra de quien había sido, según él, uno de sus mejores amigos, de sus grandes guerreros, el Che Guevara.

    Por un puñado de rublos.

    Jamás denunció siquiera al gobierno de la junta militar argentina. Tal era así que mis amigos no sabían por qué estábamos exiliados en Cuba, y lo dudaban cuando yo se los explicaba. En realidad daba la sensación de que no teníamos un gobierno lo suficientemente malo como para exiliarnos, ni como para que mi padre estuviese preso ocho años y medio, ni como para que hubiese 30,000 desaparecidos, más que el doble de la cantidad de muertos en Chile.

    Tal era así que vi lágrimas en los ojos de hombres duros, de militantes de organizaciones de izquierdas argentinas, que estaban en Cuba, aceptando las migajas de un exilio en absoluto silencio, como quien da albergue al violador del pueblo. Lágrimas cuando al esperar una declaración en el tribunal de la o­nU por los derechos humanos, Fidel a través de sus enviados en la ONU, bajo apercibimiento de la URSS, calló, haciéndose cómplice histórico de semejante villanía.

    Cuando debió callar, leyó en la Plaza de la Involución aquella carta de despedida de su amigo Guevara, que debía ser leída en caso de muerte.

    Cuando debió hablar para hacer revolución, para hacerle un honor a su ex amigo con respecto a su patria, calló.

    Durante muchos años y por razones de lealtad familiar y quizá cierto adoctrinamiento de izquierda, renuncié a mi derecho a contarlo.
    Un negocio más para la dictadura cubana.
      
    Aun cuando no tengo nada que agradecer a ese régimen y a todo el tendal de separaciones que dejó no sólo en la familia cubana, sino en la mía también, de la repugnante carga de hipocresía y corrupción que dejó en todo lo que tocó, incluido yo mismo.

    Más cerca a los días que vivimos. Año 2010.

    Después de la muerte de Orlando Zapata, muchos de los intelectuales que toda la vida habían apoyado u optaban por no denunciar la brutalidad del gobierno cubano, dijeron basta. No pudieron guardar más ese beneficio de la duda que se le concedía por el hecho de haberse declarado ejecutor del bien de la causa de los pobres del mundo. Esto a Fidel debió haberle molestado, porque a lo largo de su vida ha sido capaz de realizar actos que no enmarcaríamos para colgar en nuestro salón, pero siempre acompañados del beneplácito de los intelectuales progresistas.

    Las declaraciones contra la muerte de Zapata muy probablemente hayan sido de profunda preocupación para su entorno por la mala imagen ofrecida. En estos tiempos de comunicación inmediata, la imagen es esencial para sostener un gobierno de poder absoluto basado en la dinastía familiar.

    ¿Por qué nos cuesta tanto condenar cualquier exceso, crimen, violencia o abuso, cometido por un individuo que se autoproclama de izquierdas, revolucionario o comunista?

    ¿Qué parte de nuestro cerebro se anula o se narcotiza a la hora de denunciar estos crímenes?

    En cualquier caso parecía estarle llegando la hora de la vergüenza, y si algo no le gusta a Fidel después de no ser el centro de atención constante, es quedar mal, que se sepa la verdad, que se sepa que bebe vinos castellanos de más de 200 euros la botella mientras pide a su pueblo sacrificios numantinos.

    Temiendo por su imagen ante la historia, se le ocurrió apoyar el pase al capitalismo más cruel que puede haber, con toda la población empobrecida y con escasa habilidad en el mundo de los negocios y las nuevas tecnologías, en desventaja para competir con los extranjeros.

    Desprovisto el pueblo trabajador de todo mecanismo de control a la patronal. De toda organización de lucha. Los sindicatos cubanos que funcionan dentro de la isla para los trabajos estatales no tienen ninguna potestad en el área dólar, en el trabajo por divisas. El empleado cubano que trabaja para un inversor extranjero no tiene derechos.

    La alerta ahora es doble. Primero, hay que ver qué quiere hacer y cuáles serán las medidas represivas que tomará el gobierno en cuanto empiece a haber algún descontento con los cambios. Y el otro la aquiescencia del capital internacional, que como siempre está más interesado en que entren los bancos y las transnacionales a Cuba, a que entre la democracia propiamente dicha, la que beneficie al pueblo trabajador.

    Martín Guevara, sobrino del Che Guevara, fue expulsado de Cuba por el Consejo de Estado.


    Por Martín Guevara

    Fuente: Kaosenlared 


    Martin Guevara, sobrino de Ernesto Guevara

     


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  • 9 oct 2010

    Asesinados por el Che Guevara: Listado de las víctimas

    Guevara sigue siendo un símbolo de rebeldía para algunos, a pesar de haber sido siempre un déspota, y haber aplastado la libertad del individuo en todo momento
    Se desconoce el número exacto de víctimas del Ché en Cuba. Él mismo admitió haber ordenado muchas ejecuciones. Las muertes en combate que causó con sus operaciones guerrilleras aún no han sido contadas.

    La siguiente lista no es exaustiva. Sólo incluye los casos conocidos por referencia histórica - a los que él ejecutó personalmente o aquellos que fueron muertos bajo sus órdenes.

    Los nombres aparecen citados según fueron reportados.

    En la gran mayoría de los casos, existen detalles adicionales, incluyendo información bibliográfica.

    Las fechas aparecen en órden de mes, día y año.

    Ejecutados por el Ché en la Sierra Maestra durante la lucha contra Batista (1957-1958 )


    1. Manuel Capitán 1957
    2. José Chang Chang Oct-57
    3. “El Bisco” Echevarría Oct-57
    4. Eutimio Guerra 2/18/1958
    5. Aristidio N/A Oct-57
    6. y 7. 2 Hermanos espías N/A Oct-57
    8. Dionisio N/A Oct-57
    9. Juan Lebrigio N/AOct-57
    10. “El maestro" N/A Sep-57
    11. 12. Dos campesinos N/A Apr-57
    13. “The rapist” N/A Oct-57
    14. “El Negro” Nápoles 2/18/1957
    15. “Chicho” Osorio 1/17/1957

    Ejecutados u enviados a ejecutar por el Ché durante su breve comando en Santa Clara ( 1-3 de enero de 1959).


    1. Ramón Alba Moya 1/3/1959
    2. Joaquín Casillas Lumpuy 1/2/1959
    3. Arturo Pérez Pérez 1/24/1959
    4. Diego Álvarez Martínez 1/4/1959
    5. José Fernández Martínez 1/2/1959
    6. Héctor Mirabal Jan-59
    7. Félix Montano Fernández Jan-59
    8. Cano Prieto 1/7/1959
    9. Ricardo Rodríguez Pérez 1/11/1959
    10. Cornelio Rojas Fernández 1/8/1959
    11. Francisco Rosell 1/11/1959
    12. Ignacio Rosell Leyva 1/11/1959
    13. Antonio Ruíz Beltrán 1/11/1959
    14. Ramón Santos García 1/12/1959
    15. Isidoro de Jesús Socarrás 1/12/1959
    16. Manuel Valdés Jan-59
    17. José Velázquez Fernández 2/6/1959

    Ejecuciones documentadas en la prisión Fortaleza de la Cabaña bajo el comando del Ché (3 de enero al 26 de noviembre del 1959).

    1. Ramón Alba Moya 1/3/1959
    2. Arturo Pérez Pérez 1/24/1959
    3. Vilau Abreu 7/3/1959
    4. Humberto Aguiar Limonta 1959
    5. Pelayo Alayón Feb-59
    6. Pedro Alfaro 7/25/1959
    7. José Luis Alfaro Sierra 2/6/1959
    8. Mariano Alonso Riquelmo 7/1/1959
    9. José Alvaro 3/1/1959
    10. N/A Aniella 1959
    11. Miguel Ares Polo 2/6/1959
    12. Alvaro Arguiera Suárez 3/21/1959
    13. Severino Barrios 12/9/1959
    14. Eugenio Becquer Azcárate 9/29/1959
    15. Francisco Becquer Azcárate 7/2/1959
    16. Ramón Bicet 7/25/1959
    17. Antonio Blanco Navarro 12/10/1959
    18. Roberto Calzadilla 1959
    19. Eufemio Cano Apr-59
    20. Juan Capote Fiallo 5/1/1959
    21. Eladio Caro 2/6/1959
    22. Antonio Carralero Ayala 2/4/1959
    23. Joaquín Casillas Lumpuy 1/2/1959
    24. José Castaño Quevedo 3/7/1959
    25. Gertrudis Castellanos 5/7/1959
    26. José Chamace 10/15/1959
    27. Ángel Clausell García 4/19/1959
    28. Raúl Clausell Gato 3/15/1959
    29. Demetrio Clausell González 2/1/1959
    30. Eloy Contreras Rabiche 4/1/1959
    31. Alberto Corbo 12/7/1959
    32. Orestes Cruz 1959
    33. Emilio Cruz Pérez 12/7/1959
    34. N/A (brother) Cuni 6/1/1959
    35. Roberto Cuni Jun-59
    36. Antonio De Beche Jan-59
    37. Mateo Delgado Pérez Dec-59
    38. Ramón Despaigne 1959
    39. José Díaz Cabezas Jul-59
    40. Fidel Díaz Merquías Apr-59
    41. Antonio Duarte Becerra 7/2/1959
    42. Rudy Fernández 7/30/1959
    43. José Fernández Martínez 1/2/1959
    44. Ramón Fernández Ojeda 5/29/1959
    45. N/A Ferrán Alfonso 1/12/1959
    46. Salvador Ferrero Canedo 5/29/1959
    47. Eduardo Forte 3/20/1959
    48. Ugarte Galán 1959
    49. Jacinto García 9/8/1959
    50. Angel García León 5/1/1959
    51. Rafael García Muñiz 3/18/1959
    52. Evelio Gaspar 4/12/1959
    53. Ezequiel González Jan-59
    54. Evaristo Benerio González 11/14/1959
    55. Secundino González 1959
    56. José González Malagón 7/2/1959
    57. Luis Ricardo Grao 2/23/1959
    58. Evaristo Guerra 2/18/1959
    59. Oscar Guerra 3/9/1959
    60. Secundino Hernández Jan-59
    61. Gerardo Hernández 7/26/1959
    62. Rodolfo Hernández Falcón 1/9/1959
    63. Francisco Hernández Leyva 4/15/1959
    64. Jesús Insua González 7/22/1959
    65. Enrique Izquierdo Portuondo 7/23/1959
    66. Osmín Jorrín Vega 10/14/1959
    67. Silvino Junco García 11/15/1959
    68. Enrique la Rosa 1959
    69. Bonifacio Lasaparla 1959
    70. Ariel Lima Lago 8/1/1959
    71. Ambrosio Malagón 3/21/1959
    72. Armando Más Torrente 2/17/1959
    73. Onerlio Mata Costa Cairo 1/30/1959
    74. Elpidio Mederos Guerra 1/9/1959
    75. José Medina 9/17/1959
    76. Jose Milián Pérez 4/3/1959
    77. Luis Mirabal 1959
    78. Héctor Mirabal Jan-59
    79. Francisco Mirabal Sánchez 5/29/1959
    80. Félix Montano Fernández Jan-59
    81. Ernesto Morales 1959
    82. Pedro Morejón Montero 1/31/1959
    83. Carlos Muiño Varela. M.D. 1959
    84. Alberto Nicolardes Rojas 1/7/1959
    85. César Nicolardes Rojas 1/7/1959
    86. Victor Nicolardes Rojas 1/7/1959
    87. Viterbo O'Reilly Díaz 2/27/1959
    88. Félix Oviedo González 7/24/1959
    89. Manuel Paneque 8/16/1959
    90. Pedro Pedroso Hernández 4/12/1959
    91. Juan Pérez Hernández 5/29/1959
    92. José Pozo López 1959
    93. Cano Prieto 1/7/1959
    94. Emilio Puebla 4/30/1959
    95. Alfredo Pupo Parra 5/29/1959
    96. Secundino Ramírez 4/2/1959
    97. Ramón Ramos Alvarez 4/23/1959
    98. Pablo Ravelo 9/15/1959
    99. Rubén Rey Alberola 2/27/1959
    100. Mario Riquelme 1/29/1959
    101. Fernando Rivera Reyes 10/8/1959
    102. Ricardo Rodríguez 5/29/1959
    103. Nemesio Rodríguez 7/30/1959
    104. Marcos Rodríguez 7/31/1959
    105. Ricardo Rodríguez Pérez 1/11/1959
    106. Cornelio Rojas Fernández 1/8/1959
    107. Francisco Rosell 1/11/1959
    108. Ignacio Rosell Leyva 1/11/1959
    109. Antonio Ruíz Beltrán 1/11/1959
    110. José Saldara Cruz 11/9/1959
    111. Pedro Santana Feb-59
    112. Ramón Santos García 1/12/1959
    113. Sergio Sierra 1/9/1959
    114. Juan Silva Domínguez Aug-59
    115. Fausto Silva Guera 1/29/1959
    116. Isidoro de Jesús Socarrás 1/12/1959
    117. Elpidio Soler Puig 11/8/1959
    118. Rogelio Sopo Barreto 3/14/1959
    119. Jesús Sosa Blanco 2/18/1959
    120. Renato Sosa Delgado 6/28/1959
    121. Sergio Sosa Hernández 8/20/1959
    122. Pedro Soto Quintana 3/20/1959
    123. Oscar Suárez 4/30/1959
    124. Rafael Tárrago Cárdenas 2/18/1959
    125. Francisco Tellez 1/3/1959
    126. Teodoro Tellez Cisneros 1/3/1959
    127. Francisco Travieso 2/18/1959
    128. Marcelino Valdés 7/21/1959
    129. Manuel Valdés Jan-59
    130. Lupe Valdés Barbosa 3/22/1959
    131. Antonio Valentín 3/22/1959
    132. Sergio Vázquez 5/29/1959
    133. José Velázquez Fernández 2/6/1959
    134. N/A Verdecia 1959
    135. Dámaso Zayas 7/3/1959

    Guevara estuvo al mando de La Cabaña hasta el 26 de noviembre de 1959, a pesar de que viajó al extranjero a partir de junio de 4 a 8 de Septiembre se informa que ha firmado algunas órdenes de ejecución que se llevaron a cabo después del 26/11/1959. Las ejecuciones en 1959 para los que no se anota mes o día probablemente tuvieron lugar durante el mando de Guevara o fueron ordenados por él.
    El New York Times de la época reportó 15 ejecuciones adicionales, pero se desconocen los nombres de las víctimas.

    La lista publicada está actualizada a Junio de 2008 .Incluye casos documentados de fuentes primarias y secundarias. Los nombres se citan como se informaron. Detalles adicionales están disponibles para cada caso en www.CubaArchive.org (ver Base de Datos). Este listado es aún imperfecto, auunque es el fruto de nuestros mejores esfuerzos en investigar acontecimientos para los que no hay información oficial.
    Toda esta Información proviene del libro por publicar de Armando Lago, Ph.D. "Cuba: El costo humano de la revolución social"

    Che Guevara la realidad el asesino




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  • 23 sept 2010

    Cuba retira a miembros de inteligencia de 18 países de Latinoamérica

    Los espías cubanos también se quedan sin trabajo
    El gobernante Partido Comunista de Cuba retiró de 18 países del continente a sus representantes, quienes tenían rango diplomático de consejeros políticos en las embajadas de la Isla, y quienes son fuentes permanentes de valiosa información de inteligencia para la máxima dirección cubana.

    La medida es vista como una acción desesperada y carente de lógica, pues fue realizada en absoluto silencio. No obstante, causó molestias a los retirados. 


    En el desmantelamiento del aparato de inteligencia por parte del oficialista Partido Comunista de Cuba, se usó la sorpresa. Su personal pertenecía al otrora Departamento América del Comité del Central del Partido, el cual fue promotor de los movimientos de liberación nacional en varios países del hemisferio, teniendo en frente a un hombre que hizo temblar a los servicios especiales de EEUU y a la CIA, por el manejo de operaciones encubiertas, el Comandante Barba Roja (Manuel Piñeiro Lozada). Éste tuvo a su cargo la preparación de la salida del Che Guevara hacia Bolivia y pudo burlar todo el contraespionaje.

    El Departamento América estaba formado en su mayoría por oficiales del Ministerio del Interior, que después se vio incrementado con la incorporación de jóvenes provenientes del mundo intelectual que le ofrecieran el complemento necesario al trabajo operativo, de recolección de información y su evaluación analítica.

    Tras unos 40 años de expandir por América Latina las ideas y proyectos de la Revolución Cubana y en particular de Fidel Castro, su inspirador, ahora la política del gobierno de Raúl Castro, con la imagen visible de su sombrío, intrigante y ortodoxo vicepresidente, Machado Ventura, se decide disolver lo que antes fuera un emporio competidor de los servicios de inteligencia de Cuba. Más de una veintena de personas que eran considerados por ‘larga experiencia y lealtad’ y que ahora son despedidos y enviados a una jubilación forzosa, otros serán reasignados a otras misiones ajenas a lo que hacían y el hecho cierto es que los 18 no regresan ni a recoger sus pertenencias, alguien se ocupara de hacerlo.

    Tomado de:  La Estrella

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  • 8 sept 2010

    El increíble relato del exiliado cubano, sobreviviente en la Cuba de Fidel


    Viajar a Cuba es como un destino deseado por muchos argentinos. La isla caribeña es un emblema de Latinoamérica. La revolución castrista y su héroe el argentino Ernesto "Che" Guevara son las motivaciones que más pesan para viajar hasta la isla.

    Pero la vigilancia disimulada y estricta del Estado sobre los nativos se torna asfixiante. Un testimonio en primera persona de un mendocino que lo vivió en carne propia y los imperdibles testimonios de dos cubanos que se animan a cuestionar al gobierno castrista y sobreviven en La Habana es el motor de este informe...



    Leer más: MDZOL

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  • 23 ago 2010

    Julio Lobo, el millonario que financió al Che

    Julio Lobo
    La historia del Rey del azúcar. Su relación con los revolucionarios, con Ernesto Guevara. Y su leyenda que aún pervive cada vez que un cubano dice: “Rico, como un Julio Lobo”






    Cuba parece tan somnolienta y en proceso de desmoronarse que hace falta un salto de fe para imaginar los días en que alguien era considerado allí “el hombre más rico del país”. Sin embargo, hubo muchos cubanos ricos desde que Cristóbal Colón introdujo la caña de azúcar en América, en 1493. Y entre esos multimillonarios ninguno se acercaba en riqueza a Julio Lobo, que en sus tiempo fue el “Rey del Azúcar de La Habana” y, en realidad, del mundo.

    Desde hace mucho que la revolución de Fidel Castro terminó con hombres como él, aunque no pudo borrar su memoria. Hasta el día de hoy, cuando en La Habana se refieren a alguien con una gran fortuna dicen: “es rico como un Julio Lobo”. Es notable que la frase haya sobrevivido a casi 50 años de comunismo en la isla. Pero la vida de Lobo tuvo mucho de notable, y su pasado todavía ilumina el presente. Durante mis investigaciones para una nueva biografía suya, descubrí que en la noche deI 11 de octubre de 1960 Ernesto “Che” Guevara lo convocó a su oficina del banco central para pedirle ayuda.

    Bajo y de rostro severo Lobo, que entonces tenía 62 años, era la fuerza más importante en el mercado mundial del azúcar: manejaba aproximadamente la mitad de los seis millones de toneladas de ese producto que Cuba, que era el mayor exportador del mundo, producía anualmente. Además, era un genio de las finanzas y se estimaba que su fortuna personal superaba los u$s 200 millones (que equivalen a u$s 5.000 millones de hoy).

    Por otra parte, no todo lo relacionado con Lobo tenía que ver con el dinero. Era culto, famoso por su colección de arte y, fuera de Francia, era quien poseía la mayor cantidad de objetos vinculados con Napoleón. Políticamente, Lobo era un enigma. Por su matrimonio estaba conectado con la Condesa de Merlin –escritora cubana que se había casado con uno de los generales franceses de la época napoléonica y cuyo tío había llevado a Cuba el primer molino azucarero a vapor– sin embargo, pese a estos recuerdos imperiales, Lobo se opuso ferozmente al corrupto gobierno del presidente Fulgencio Batista. “No nos importaba quién derrocaba a Batista, siempre que alguien lo hiciera”, dijo una vez. Un recibo hallado entre sus papeles muestra que financió a los rebeldes de Castro con u$s 25.000.

    En aquella noche de octubre en que Lobo viajaba desde su casa, en el oeste de la ciudad, hasta el banco central, en la ciudad vieja, habían pasado menos de dos años desde que Batista había huido de la isla. Gran parte de las tierras de Lobo habían sido confiscadas por el líder rebelde al que había ayudado, pero todavía no sus ingenios. Sin embargo, el empresario se negaba a irse de Cuba. Y tampoco había unido su voz a la de los anticastristas.

    Cuba tiene una historia más matizada de lo que la mayoría de los relatos sugiere y para mí, son las contradicciones que surgen de esa entrevista a la medianoche entre Lobo y Guevara, en una oficina del centro de La Habana, lo que la hacen una historia tan cubana. Invalida muchas de las ideas preconcebidas sobre lo que Cuba era, es y, tal vez, puede ser todavía.

    Cuando iba a reunirse con Guevara, Lobo, que sabía de otras historias de confiscaciones, ya había hecho planes para que su familia emigrara. El edificio del banco central al que llegó, en la calle Lamparillo, estaba a tres cuadras de su casa de exportación e importación Galbán Lobo, el núcleo central de sus operaciones globales, que tenían oficinas en Nueva York, Londres y Manila.

    Lobo salió del auto y se dirigió al edificio. Caminaba rengueando desde que había sufrido un intento de asesinato 14 años atrás, en 1946. Le habían volado parte de la cabeza después de negarse a pagarle u$s 50.000 a una banda de mafiosos cubanos. Las balas de ametralladora también le quebraron la pierna derecha y la rodilla izquierda. Tenía una bala alojada cerca de la columna vertebral.
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    Guevara llevaba apenas unas semanas como presidente del banco central, pero dentro del edificio ya había mucho desorden, con papeles cubriendo el piso. Estas no eran señales alentadoras para Lobo, pero Guevara lo saludó con cortesía. Los dos hombres no podían ser más diferentes. Guevara, el ardiente revolucionario, estaba vestido con uniforme de combate y tenía un revólver sobre el cristal del escritorio. Este era el hombre que más tarde le explicaría a los cubanos que la razón por la que los rusos que llegaban a la isla vestían tan mal y olían a transpiración era que el jabón es superfluo en una revolución genuina. En cambio Lobo, el archicapitalista, era atildado, usaba colonia Imperiale de Guerlain, y daba fiestas literarias en su ingenio favorito, Tinguaro.

    Mientras Guevara era la cara del “Nuevo Hombre” cubano, que creía fervientemente que el individualismo debía desaparecer, se decía que Lobo había llenado una de las piletas de natación de su casa con agua perfumada para que la actriz de Hollywood Esther Williams –estrella del film Escuela de Sirenas– pudiera practicar sus rutinas cuando lo visitaba.

    Pero aunque eran personalidades opuestas de tantas maneras, Lobo y Guevara tenían mucho en común. Ambos eran profundamente racionales, Guevara siguiendo las teorías del comunismo internacional, Lobo respondiendo a ideales de la ilustración. Los dos eran solitarios. Los terribles ataques de asma de Guevara a menudo lo mantenían separado de los demás, mientras su cáustico humor argentino no siempre combinaba bien con el humor irreverente de los cubanos. En cuanto a Lobo, solía decir que Napoleón era un personaje solitario, lo mismo que él.

    Además, ambos eran francos hasta caer en la brutalidad. Y generaban fuertes lealtades. Lobo era bien considerado por sus empleados. Visitaba con frecuencia sus plantaciones y, tras la revolución, sus trabajadores enviaron delegados a La Habana para pedir que sus ingenios no fueran nacionalizados.

    Al igual que Guevara, el empresario era escrupulosamente honesto. En realidad, esa noche Lobo creía que Guevara había pedido verlo para hablar del dinero que se le debía por la construcción del Riviera y el Capri –dos de los más deslumbrantes hoteles con casino que se habían inaugurado en la capital cubana en la década de los 50– porque él había ayudado a financiarlos. De hecho, Guevara le explicó a Lobo que sus ayudantes habían examinado atentamente las cuentas del empresario y no habían encontrado irregularidades. Por eso, “lo habían dejado para el final”. Esa noche el objetivo de Guevara era simple. Cuba y el azúcar habían funcionado como hermanos siameses desde que los británicos ocuparon La Habana en 1762 y abrieron la isla a la trata de esclavos. Desde entonces, el azúcar, junto con la riqueza que generaba y la mano de obra que las plantaciones requerían, habían marcado el rumbo del país. “Sin azúcar no hay país” es la famosa frase que definió la isla. Lo que querían informarle a Lobo es que Castro iba a apoderarse de 14 de sus ingenios pero Guevara quería convencerlo de que se quedara en Cuba. Quería su talento empresarial, que era indudable.

    Unos meses antes, el mercado del azúcar se había desplomado porque las refinerías estadounidenses se negaban a comprarle a Cuba, con la esperanza de debilitar al gobierno revolucionario. Lobo descubrió que estaba varado con un gran cargamento a bordo del buque japonés Kimikawa Maru y decidió hacer una jugada locamente audaz: reservó todo el espacio de carga disponible en los buques azucareros con lo que, de hecho, aisló a EE.UU. del suministro internacional de este producto. Cuando el mercado subió, Lobo le hizo tragar su precio a las refinerías norteamericanas. Unos días antes de que comenzara el bloqueo de Lobo, Pepsi Cola se había negado a comprar a 5,30 centavos la libra de azúcar. Después de unos días de las tácticas del empresario cubano, los compradores estadounidenses aceptaron un precio 50% más alto que ese.

    Para Guevara, la osadía empresarial de Lobo concordaba con el heroísmo militar de los propios revolucionarios y, siempre con cortesía, le dijo que había llegado la hora de tomar una decisión. La revolución era comunista y él, como capitalista, no podía permanecer como era. Podía quedarse y ser parte de ella, o irse.

    “Es imposible para nosotros permitirle a usted, que representa ‘la idea misma’ del capitalismo en Cuba, permanecer tal cual es”, le dijo Guevara. Lobo señaló que el líder soviético Nikita Khrushchev creía en la coexistencia pacífica de los dos sistemas de producción. La respuesta fue que eso estaba muy bien entre naciones, pero no dentro del mismo país. Viéndose en un callejón sin salida, Lobo preguntó cómo podría integrarse y Guevara puso sus condiciones: Lobo se convertiría en una especie de gerente general de la industria cubana del azúcar, a cargo del ministerio correspondiente. Perdería todas sus propiedades, pero se le permitiría conservar los ingresos de Tinguaro, su ingenio favorito.

    Para ganar tiempo, el empresario le dijo a Guevara que quería unos días para considerar su oferta, aunque en realidad ya se había decidido: dos días después tomó una avión para Nueva York llevándose sólo su cepillo de dientes. Dejó atrás sus cuadros de El Greco, sus palacios, sus grandes empresas y los rizos de pelo de Napoleón. Al día siguiente el gobierno cubano nacionalizó sus activos azucareros y se constituyó en custodio de sus obras de arte y sus antigüedades, sin dejarle prácticamente nada.

    A continuación Lobo hizo otra fortuna, negociando contratos a futuro de azúcar en Wall Street, pero volvió a perder sus millones y terminó sus días exiliado en Madrid, ayudado económicamente por sus dos hijas. Desde muchos puntos de vista, Lobo previó todo esto tras su reunión con Guevara. Cuando estaba preparándose para dejar la isla le dijo a su secretario: “Esto es el fin”. Cincuenta años más tarde, esas palabras vuelven a ser verdad en Cuba.

    Mientras la isla avanza trastabillando hacia el final del régimen de los hermanos Castro, la gente suele especular sobre qué ocurrirá a continuación. Una vez, un amigo en La Habana me dijo que tratar de predecir el futuro de Cuba es ridículo porque ha sido tanta la gente que ha estado tan equivocada. Hay demasiados imponderables.

    Por un lado está la intransigencia del gobierno. La liberación de 52 presos políticos en julio, por ejemplo, es vista en general como una maniobra táctica y no un cambio político real. También está la persistente y controvertida presencia del embargo estadounidense, aunque esto es cada vez más un concepto y no un hecho: las ventas al contado de alimentos y medicinas implican que EE.UU. ya es el quinto socio comercial de Cuba.

    Lo que sí es indudable es que la gran era del azúcar ya es cosa del pasado. Dos tercios de los ingenios de la isla han cerrado y el sector no puede competir con otros productores eficientes. Ochenta años atrás, Luis Machado, un prominente empresario de La Habana, reflexionó sobre la épica lucha de Cuba por su independencia (primero, contra España; después, contra EE.UU.) con palabras que todavía son relevantes. “Tres generaciones de cubanos han combatido y muerto por la libertad, la soberanía y la independencia de nuestra gente. El desafío de nuestra generación es económico y social. Si nuestros padres forjaron una Cuba independiente, nosotros tenemos que hacer que nuestro país sea no sólo rico, sino cubano”.

    Es irónico que el gobierno cubano, tras pasar tantos años atacando el pasado previo a la revolución, ahora quiera volver a vigorizar la economía siguiendo un rumbo que Machado y Lobo podrían reconocer como propio. En abril, Raúl Castro se dirigió al Congreso de la Unión de Jóvenes Comunistas diciendo que el principal campo de batalla de la revolución no es político, sino económico. Insistió en que Cuba necesita una economía sólida y dinámica, y agregó que la legislación paternalista tiene que desaparecer, lo mismo que las nóminas infladas: las compañías estatales tiene un millón de trabajadores de más. Además, dijo también que la paga tenía que estar ligada a los resultados. Fue un discurso bastante radical para tratarse de un comunista de 78 años. Pero Raúl ha dado discursos similares y fue poco lo que cambió.

    La razón más obvia es que deshacer lo que los cubanos llaman el “embargo interno”, refiriéndose la burocracia y la tradicional antipatía estatal por el espíritu emprendedor individual, es un proceso tortuoso que, además, podría socavar al propio Estado revolucionario.

    Pero el proceso puede haber empezado ya. En febrero, Orlando Zapata, un activista de los derechos humanos murió tras 86 días de huelga de hambre. Es extraño que el gobierno haya permitido que muriera, y el hecho de que pasara sugiere que las viejas estructuras de comando y control se podrían estar desintegrando.

    JOHN PAUL RATHBON
    Tomado de: Cronista


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