29 abr. 2011

El general sí tiene quien le escriba

Esa canción ya tiene mas de 50 años...
 
En la inauguración del Congreso del Partico Comunista de Cuba, el general Raúl Castro lamentó públicamente la ausencia de una generación preparada para el reemplazo de la vieja dirigencia. Sin embargo, esa generación existe, otra cosa es que no confíen en ella y en el giro político que quieren dar a la isla.

A los que frisamos los cuarenta o los cincuenta, por lógica la generación del cambio, nos ha tocado lidiar con no pocas decepciones. El llamado 'hombre nuevo' no funcionó, porque no hemos sido marionetas atontadas por el discurso político. Los que nacimos en los años sesenta y setenta crecimos favorecidos por los mejores logros revolucionarios: sanidad de buena calidad, educación con buen nivel y formación en valores nacionales y éticos. No es poco. Pero también vivimos bajo la mirada imperturbable de unos padres autoritarios que a la mínima discrepancia nos recriminaron la 'ingratitud'.

¿Dónde está el reemplazo generacional? Le responderé a Raúl Castro, por si no lo sabe. Buena parte fuera de Cuba, con negocios propios o trabajando para empresas de otras latitudes, cuando nos hubiera gustado aportar esa creatividad en nuestra propia casa. Sin embargo, de manera metafórica estamos presentes, aportando parte de lo que ganamos, bien en concepto de remesas, medicinas, o cualquier insumo que se necesite, allá donde nada se produce y todo se compra en moneda dura.

Hoy usted llama a los cubanos a actualizar el modelo socialista, ese tipo de cambio de rumbo no es nuevo. Esa llamada a la rectificación, el mea culpa entonado de la autocrítica a estas alturas recuerda procesos similares. En 1986 -hace casi treinta años- el partido entró en un proceso de rectificación de errores y tendencias negativas -prometo que no miento, así lo llamaron-. Entonces yo dirigía un núcleo de base de las Juventudes Comunistas en la Universidad, me consta que desde entonces, la mayoría era escéptica a que el cambio llegara realmente. Los errores más comunes, desvío de fondos del Estado, corrupción, nepotismo, etc. se han seguido repitiendo como una constante y del proceso ese nadie se acuerda.

Desde los catorce años me adoctrinaron ideológicamente para seguir a la Revolución. La universidad, particularmente la carrera de Historia, me enseñó a pensar con cabeza independiente y crecí libre, a fuerza de leer y repasar mil veces la epopeya cubana en el siglo XX.

No callé ante lo que consideré errores en los métodos de la disciplina partidista y por ello nos llevamos más de un disgusto. Me negué a expulsar con actos de repudio a los que pedían abandonar la militancia, o marchar al campo en pleno verano, o a quienes abandonaban el país. Tampoco quise vigilar a los católicos, pues en los ochenta la Universidad era para los revolucionarios y ellos estaban excluidos.

Cuando empecé a trabajar en 1989, fui testigo y parte de la destrucción de los fondos documentales del viejo Banco Nacional. Era una orden ministerial apoyada alegremente por la dirección del partido, pues contribuía a la recuperación de papel para el reciclado. La operación se detuvo porque algunos la denunciamos. Pagamos luego con el ostracismo intelectual durante varios años.

Años después, ingresé en el Partido Comunista, y el panorama era peor que en las Juventudes. En las discusiones sobre el documento base del V Congreso del Partido, (1997), el Departamento de Historia de la Universidad de La Habana discrepó con buena parte del texto, plagado de errores históricos (si las actas se conservan me darán la razón), pero el documento había que aprobarlo de todas maneras, así era la disciplina del partido. No se podía discrepar de lo que venía de lo alto.

Dos años después me expulsaron de sus filas. El desliz cometido fue solicitar permiso para pasar otro año en España y concluir el doctorado en la UPV/EHU. Contaba con el respaldo de mis colegas, del Departamento de Historia en la Universidad de La Habana y los profesores del Departamento de Historia Medieval Moderna y de América de la Facultad de Vitoria-Gasteiz, pero ni así prosperó la solicitud. El autoritarismo y el miedo marcó la decisión de las autoridades académicas; en ausencia fui enjuiciada y condenada sin derecho a defenderme. La sanción académica implicó la expulsión del país y la pérdida de todos mis derechos en Cuba.

General Castro, hace treinta años el reemplazo generacional dentro del partido, ya buscaba su espacio y se le excluyó. Tampoco se ha hecho justicia a las voces discordantes que han permanecido en Cuba y por los que aún hoy siento respeto. Dudo que el pueblo cubano encuentre en el partido la 'ejemplaridad' necesaria, el carisma y liderazgo necesarios para marchar en la dirección que proponga éste congreso. Los malos métodos practicados durante años han dado ese fruto.

Recuperar el país de la falta de esperanza en la que está sumergido hoy necesitará de un sistema donde la gente realmente tenga participación y decida sus destinos con absoluta libertad. Hechos, general, no más promesas. Sólo así su partido recuperará credibilidad, sólo así sumará voluntades para continuar la obra.

HILDA OTERO ABREU | DOCTORA EN HISTORIA


Fuente: El Correo


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  • 28 abr. 2011

    El detalle inmobiliario


    La posibilidad de vender y comprar casas podría abrir la puerta a otros cambios.

    Uno de los resultados que mayor repercusión inmediata pudiera dejar el recién concluido VI Congreso del Partido Comunista de Cuba se relaciona con el tema inmobiliario.

    La prohibición de la compra-venta de casas no ha sido en modo alguno un capricho de Fidel Castro, carente de motivos sólidos, como pudiera creerse en un análisis superficial del asunto. Hay que haber estado presente en una asamblea de distribución de viviendas para comprender cabalmente el profundo significado ideológico que ha tenido en nuestra sociedad el hecho de que a una persona "le dieran", "le entregaran", "le asignaran" una vivienda, en el lugar que le tocaba y con la cantidad de dormitorios que le correspondía.

    Que ahora, de la noche a la mañana, un ciudadano cubano pueda elegir dónde vivir y adquirir una casa sin haber hecho compromisos políticos ni horas de trabajo voluntario, sin misiones internacionalistas ni zafras cañeras, sin mítines de repudio ni marchas del pueblo combatiente, sin haber denunciado nunca a nadie ni haberse machucado varios años en una microbrigada, solamente porque tiene el dinero que va a pedirle el vendedor, eso, sin dudas, es un cambio trascendental.

    Si llega a concretarse la medida, como lo espera la mayoría de los cubanos, en un plazo de 10 o 20 años se va a producir una redistribución clasista de los espacios en todas las ciudades del país, especialmente en la capital y cabeceras de provincia.

    La casa de cuatro dormitorios ubicada en el corazón del Vedado, ocupada hoy por esa señora viuda que limpia el policlínico, le será ofrecida al exitoso músico de salsa que vive con su exsuegra en Alamar. Digamos que se venderá en 30.000 CUC, lo que le permitirá a la pobre mujer comprarse un cuarto en 5.000 en un barrio menos céntrico y asegurar una cómoda pensión para lo que le quede de vida. Llevará flores a la tumba de su esposo y le contará lo que hizo con aquel patrimonio decomisado a una familia de clase media que abandonó el país por el Mariel a mediados de 1980.

    Puede ocurrir que a quienes decidan marcharse de la Isla para siempre les permitan ahora vender su casa para sufragar los gastos del viaje y con eso se dé por terminada la abominable práctica de penalizar la emigración con la confiscación de bienes. Quién quita que, una vez eliminado ese escollo, desaparezca el concepto de "salida definitiva" y con él el absurdo Permiso de Salida.

    ¡Detente comentarista! No me sospeches. Ya sé que estoy soñando, pero que nadie me niegue que con esta nueva permisibilidad (que abarca la compra-venta de autos) se tiende un puente hacia la consecución de otros cambios, tal vez imprevistos. Eso es lo que ocurre cuando se altera un detalle en las estructuras rígidas y cuando un sistema totalitario se ve obligado por las circunstancias a enfrentarse al dilema de cambiar para sobrevivir, aunque le cueste la vida el cambio.

    Ahora falta ver cómo llevan a la práctica la nueva medida, cuántos frenos y requisitos le inventan, mientras tanto, soñemos, que nada cuesta y todavía no está prohibido.

    Reinaldo Escobar

    Fuente: Diario de Cuba


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  • 25 abr. 2011

    Adiós Fidel, no te extrañarán


    El sexto Congreso del Partido Comunista cubano y el pueblo de Cuba se enteraron el 19 de abril que ahora Fidel Castro se ha jubilado por completo. El barbudo se ha convertido, por lo que parece, en apenas un ciudadano privado más.

    Se apareció en chandal azul, un asistente lo ayudó a sentarse y Fidel Castro, representando cada uno de sus 84 años de edad, renunció a todos los puestos dentro del partido y del Estado por primera vez después de más de medio siglo.

    El congreso de cuatro días se convocó para lograr dos cosas: una, abrir las puertas a una estrategia económica revisada y dos, remozar la cúpula dirigente de la isla. Pero no logró ni lo uno ni lo otro.

    La economía cubana está en ruinas. El Estado cubano está en quiebra. Raúl Castro, el sucesor de Fidel, está repartiendo tiritas en lugar de remedios. Se está haciendo lo mínimo en reformas para acomodar al millón y medio de trabajadores que entrarán en esa dimensión desconocida del sector privatizado no estatal de Cuba y que luchan para sustituir los 24 dólares de sueldo mensual que reciben del Estado. La esperanza cubana es que los "nuevos negocios como puestos de flores, salones de belleza, peluquerías, taxis y restaurantes" absorberán un millón de trabajadores despedidos del sector estatal y desatarán el desarrollo económico. El régimen quiere acabar con la cartilla de racionamiento y podría permitir que haya más propiedad privada de inmuebles.

    El comunismo y la falta de libertad económica todavía prevalecen. "Asumo mi última tarea de defender, preservar y proseguir perfeccionando el socialismo y no permitir jamás el regreso del régimen capitalista", prometió Raúl en la clausura del congreso.

    En cuanto a liderazgo, Raúl dejó saber que los principales puestos de liderazgo del país le siguen perteneciendo a los mismos viejos revolucionarios –a los históricos– que han reprimido y arruinado a su nación durante las cinco últimas décadas. Además de su cargo actual como presidente, Raúl asumió el puesto de primer secretario del Partido Comunista cubano. Aunque Raúl habló de limitar los mandatos a diez años para él y sus sucesores, su verdadera preocupación está en el reloj biológico y no en un límite legal.

    Algo que dará que pensar a esos cubanos ansiosos por el cambio es la elección de José Ramón Machado Ventura como el número dos de Cuba. Se trata de un octogenario que es el siguiente "presidente" en potencia de la dictadura cubana. "Están manteniendo a la vieja guardia de la línea dura e ideológica," decía Uva de Aragón, subdirectora del Instituto Cubano de Investigación en la Universidad Internacional de Florida. "El problema es uno no puede tener a Stalin y a Lenin tratando de ser Gorbachov al mismo tiempo". O como un cubano concisamente observó: "Es el mismo perro con distinto collar".

    La muy necesaria jubilación de Fidel Castro, la ascensión completa de Raúl y la incierta trayectoria económica que le espera a Cuba apenas sí ha puesto al sufrido pueblo cubano más cerca de la libertad individual, la democracia y los cambios económicos que podrían revitalizar la economía de la isla y abrir las puertas de una genuina amistad con Estados Unidos.


    Ray Walser
     
    Traducido por Miryam Lindberg   



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  • 23 abr. 2011

    Cuba: reformar lo irreformable

    Empujando las "reformas".

    MENTIRAS y más mentiras. Manipulaciones. Muerta la ideología. ¿Qué queda en la Cuba de los Castro? Nada, más que miseria moral, humana y social. Acaban de celebrar el medio siglo de los sucesos de Bahía de Cochinos. El empujón final hacia un socialismo a la cubana que ha sumido al país en la pobreza económica total. Les ha privado de libertad, de todo atisbo de libertad y dignidad a un precio demasiado alto. Mirando la vista atrás, ningún logro puede justificar cinco décadas, cincuenta y dos años de dictadura. Férrea, implacable, hermética. Silencio y mordaza, tortura y cárcel para los disidentes. Ya no se les asesina o fusila como al principio. Es la herencia de los hermanos Castro. Una herencia negativa. Maldita. Vacía y estéril por desgracia.

    Nada se puede reformar si es irreformable. Hay que extirparlo, arrancarlo, abandonarlo. Meros maquillajes de un congreso del Partido Comunista, único en la isla, gobernado y regido por los gerontócratas que permanecen y no fueron apartados por los dos déspotas. Cuba pervivirá a los Castro. Hace justo ahora dos años que Raúl Castro era designado sucesor por un Parlamento o gerontocracia del partido. Nada ha cambiado desde aquella fecha, nada en lo que a dictadura, regresión de derechos y libertades se refiere. En aquel momento, Raúl Castro, el sucesor ungido por el hermano, simuló romper ataduras y reconfiguró su gobierno un tanto a su medida. Pero no nos dejemos engañar. En Cuba, de momento, nada ha cambiado. Aunque soplen brisas y rumores de alivio del embargo norteamericano y algunos cantos de sirena. El hermanísimo no hará nada mientras Fidel Castro todavía viva.

    Y es que al final, como siempre, todo debe cambiar para que nada cambie en realidad. Sin novedad en La Habana. Ni vientos de libertad ni brisas de esperanza. Odas lampedusianas, dardos atenazadores a toda apertura, doble candado y miseria material, moral y humana a los cubanos. Ese es el castigo a un pueblo silente a la fuerza, aunque no todo, los acólitos ahí están, también lo estaban en nuestra dictadura, y el dictador murió en la cama. La partitura se ha tocado tal y como el dictador quería que sonase, al son de demagogias y adjetivos revolucionarios, esos que son capaces de trufar la democracia, para llamarla democracia revolucionaria, enésimo engaño y ficción o mentira de todo totalitarismo. Cuba es Cuba y nada cambiará. Dudamos que haya transición democrática capitaneada por Raúl, y menos en vida de Fidel Castro. A la gerontocracia política castrista poco le importa la situación de sus ciudadanos. Y este séptimo congreso del partido comunista en cincuenta y dos años es una farsa o pantomima más. Se trata de sobrevivir, simplemente sobrevivir. Así ha sido siempre, con la diferencia que en las dictaduras militares de derechas, ninguna sobrevive al dictador, en cambio en las de izquierda, sí, con más o menos apertura económica, pero cerrazón social y política hasta el paroxismo.

    Los caprichos del lenguaje llaman reformas, parlamentos o Asamblea a lo que no lo son, y el mundo informa que éste o aquél han elegido a Raúl Castro como sucesor, o que éste ha remodelado su gobierno, o ha cimbreado a su medida un partido que no lleva hacia ningún lugar, porque no hay a donde ir sin libertad. Gobierno no elegido por el pueblo, democracia usurpada en resumen. Ahora acorazada por viejos generales, compañeros de guerra y revolución. Es el futuro, el negro futuro que zahiere a la isla y a los cubanos. Y algunos siguen siendo complacientes cuando no indulgentes, con la dictadura cubana, sobre todo una izquierda tan utópica como trasnochada, incapaz de condenar la dictadura y la aberración que significa.

    Todo seguirá igual en la querida isla. Todo seguirá enmascarándose en un traicionero lenguaje, nada se moverá en vida del ahora "compañero Fidel". Es la tragedia de los pueblos que no saben o no pueden luchar por su libertad. La historia no absuelva a los dictadores, tampoco a los pueblos, estos siguen la senda que el destino antoja suscribir. No habrá más veredicto que el de la culpabilidad. Sólo es cuestión de tiempo, ese que no tuvieron muchos de los que les ha tocado perder, sufrir en carne propia el despotismo de la dictadura, que han emigrado, que han muerto o que han sido asesinados.

    Que no, que no hay expectativas, que éstas cuando se trata de personas y el futuro de personas en manos de dirigentes recios y ademócratas simplemente no existe, es un imposible. Que la cubanología existente no permite experimentos de libertad. Luego vistamos de legítimo lo que se nos antoje, pero ninguna dictadura lo es. En Cuba nada se puede reformar, sólo la ruptura con el régimen y la construcción por todos los cubanos de un nuevo marco de tolerancia, respeto y libertad, sin los Castro ni sus secuaces.

    Abel Veiga Copo

    Fuente: Diario de Sevilla


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  • 7 abr. 2011

    ¿Razones de Siria?




    Tras dos semanas de protestas en Siria, el presidente Bashar al Assad se ha visto obligado a censurar nuevamente Internet, en un tácito reconocimiento del poder del ciberespacio como canalizador de la disidencia.

    Según Assad, Facebook y Twitter son responsables por publicar mensajes falsos y provocar “las protestas sectarias” que se han desatado en el país.

    Este domingo la ciudad de Daraa, epicentro de las protestas en el sur, permanecía con las conexiones telefónicas y de Internet, y la red eléctrica, cortadas. “Quieren aislar Daraa del mundo exterior”, declaró un activista opositor.

    De hecho, en Daraa la policía política se ha valido de la tecnología para aumentar la represión: Ha ido casa por casa requisando teléfonos móviles y obligando a sus dueños a identificar en las fotos de los mismos a los participantes en las revueltas.

    A principios de febrero pasado, el gobierno había permitido a los sirios acceder directamente, por primera vez en tres años, a Facebook y YouTube. Antes, los internautas se veían obligados a hacerlo a través de servidores proxy situados fuera del país para evitar la censura.

    La decisión de desbloquear los sites habría obedecido a la seguridad del gobierno sirio de que Internet resultaba inofensivo como vehículo movilizador en el país, tras “el fracasado intento de la comunidad internauta de convocar masivas protestas contra el régimen de Damasco al calor de la revuelta que entonces se estaba desarrollando en Egipto”, apuntó EFE. Pero la apuesta le ha salido cara.

    Las autoridades han alegado “congestión” en la Red para justificar la censura a Internet y teléfonos móviles esta semana.

    Tomado del http://www.neoclubpress.com

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  • 2 abr. 2011

    ¿Qué debe hacer Europa con un dictador recalcintrante?

    El discurso que pronunció el 30 de marzo el presidente sirio Bashar al Assad estuvo vacío de contenido y fue decepcionante. En lugar de reconocer las demandas de la población y de mencionar cualquier tipo de reforma, se limitó a culpar a “los enemigos de Siria”, aquellos que incitan las revueltas, incluyendo a las minorías islamistas y palestinas, y a las posibles conspiraciones de las potencias extranjeras. Es ahora cuando la Unión Europea debe presionar al dirigente para que realice, no sólo los cambios de tipo económico exigidos por su pueblo, como ya prometió en su día, sino también políticos.

    Durante su visita a Damasco, hace dos meses, Stefan Füle, comisario europeo para la Ampliación y la Política de Vecindad, dijo que había llegado la hora de firmar el acuerdo de asociación UE-Siria, inactivo desde hace mucho tiempo. ¿Diría lo mismo hoy? Tras la brutal represión ejercida por el régimen de Bashar al Assad, lo más probable es que no. Por su parte, el presidente sirio afirmó en enero que las revueltas de Túnez y Egipto estaban provocadas por el "estancamiento" y la "desesperación", dos problemas que, según él, Damasco no padecía. Con esta declaración, el mandatario demostró una actitud demasiado confiada ya que, aunque su pueblo no pide su dimisión, si exige una apertura del régimen político y la derogación del estado de seguridad.

    Las acciones del Gobierno y las diversas ramas de sus servicios de inteligencia han sido todo menos lo que la responsable de la Política Exterior de la UE, Catherine Ashton, pidió. En vez de abordar las quejas de su pueblo en un diálogo político integrador, Assad ha tomado drásticas medidas al más puro estilo de autócrata sorprendido por los acontecimientos: detenciones (entre ellas de escolares), disparos contra manifestantes (incluso con balas de verdad) y disolución forzosa de las manifestaciones (como una vigilia con velas ante la embajada libia).

    Los Veintisiete, mientras tanto, han demostrado haber aprendido la lección tras Túnez y Egipto. Ashton fue rápida en su condena de la violencia contra los manifestantes sirios, clara en su exigencia de que se pusiera en libertad a los presos políticos y sagaz en su petición de que finalizaran los 48 años de estado de emergencia. Como ocurre en casi todos los regímenes autoritarios, la inmunidad de los omnipresentes servicios de inteligencia y su potestad para detener sin cargos, constituyen la columna vertebral de la opresión ejercida por el Gobierno.




    La UE y el Servicio Europeo de Acción Exterior (SEAE) aprenden con cada transición sucedida en los países MENA, pero los métodos de coacción y cooptación de los Estados del Mediterráneo son suficientemente sofisticados, mejorados a lo largo de años de gobiernos dictatoriales. Siria no es ninguna excepción, como demostró en 1982 con el asesinato de 20.000 civiles en Hama. El entonces presidente Hafez al Assad ordenó sitiar y bombardear la ciudad durante tres semanas con el pretexto de aplastar a los Hermanos Musulmanes.

    Esta acción brutal del régimen sirio contra su pueblo sigue siendo un factor que limita la disposición de la gente a salir en masa a la calle. Las bolsas de disidencia, hasta ahora, han sido pequeñas y aisladas. Otro factor que desanima a los opositores es la poca probabilidad de que haya desertores en el Ejército que se pongan de su lado, como ocurrió en Egipto y Túnez y ahora en Yemen. Bajo los mandatos de los dos Assad, padre e hijo, las filas de los militares y los servicios de inteligencia se han ido llenando gradualmente de miembros de su secta alauí, un grupo minoritario pero selecto. Los blogueros del país hablan de la ejecución de un soldado por haberse negado a disparar contra la multitud en Deraa.

    Igual que las protestas de El Cairo no pueden atribuirse a las estrechas relaciones de Hosni Mubarak con Estados Unidos, tampoco podemos suponer que, en el lado opuesto, la retórica hostil de Assad respecto a Washington e Israel esté alimentando las quejas sirias. Aunque en estos 48 años siempre ha sido fundamental tener un historial sólido de política exterior para conservar una pátina de legitimidad por debajo del estado de emergencia, la población, agitada, acepta cada vez menos ese argumento como garantía de una política interior segura.

    En el plano nacional, Assad ha emprendido un Plan Quinquenal económico que prevé un 5% de crecimiento anual. Eso, unido a sus anuncios de reforma y la campaña anticorrupción que llevó a cabo cuando llegó al poder, le da un matiz progresista del que carecía su padre. Ahora bien, junto a la modesta mejora económica que ha tenido Siria, no ha habido cambios políticos paralelos. El último informe de la organización Human Rights Watch lamenta una "década desperdiciada". Asimismo, la promesa del presidente de levantar el estado de emergencia no servirá de nada si, como ha dicho su portavoz, se mantienen unas "leyes que garantizan la seguridad de la nación y sus ciudadanos". Está por ver si los posibles cambios en la Constitución llegan hasta el punto de abrir el terreno político a elementos no baazistas en las elecciones municipales y parlamentarias previstas para este año.

    En todo este asunto, Bruselas está desempeñando un buen papel. Con el espacio que le han dado nuestros primos americanos (cosa que, al principio, desconcertó al recién nacido SEAE), ahora está empezando a actuar como un auténtico actor regional, decidido a hacerse oír pero debidamente humilde y sin dictar políticas. Eso sí, si se mantiene la perspectiva de firmar el acuerdo de asociación, la Unión no debería dudar en adjuntar una nueva cláusula o un nuevo documento sobre derechos humanos, como reclamaron varios Estados miembros cuando se suspendieron las negociaciones en 2008.

    Mientras tanto, y tras el decepcionante discurso de Bashar al Assad, la UE no debe dejarse engañar por liberaciones simbólicas de presos políticos y anuncios de reformas para acallar las demandas locales: reorganizar el Gabinete (es decir, que el primer ministro, Naji Otri, el ministro del Interior, Saed Samour, el ministro de Defensa, Ali Habib Mahmud, y el ministro de Justicia, Ahmed Younes, jueguen a las sillas) no es lo mismo que nombrar uno nuevo; y poner fin al estado de emergencia no significa tampoco la disolución del omnipresente mukhabarat. Todo el mundo está nervioso en estos momentos: los vecinos de Damasco observan la situación y los Veintisiete contienen el aliento en previsión de las repercusiones que puedan tener las respuestas de Assad en Siria y en toda la región.

    Hélène Michou en Foreign Policy en español



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  • Raúl versus Fidel; el ayer y el hoy de Cuba

    Algunas medidas son radicalmente opuestas a las aprobadas por Fidel Castro.

    A cuentagotas sienten los cubanos los efectos de algunos cambios hechos por el presidente Raúl Castro desde que tomó el poder de la nación en 2008 en sustitución de su hermano, el dictador Fidel Castro.

    Para el cubano de a pie, Fidel sigue ejerciendo el mando de la isla y su pariente ejecutando las instrucciones.

    "Es el poder detrás del trono, no firma las decisiones, pero sus puntos de vista deciden lo que sucede en el país", asegura Carlos, propietario de una casa de hospedaje.

    Raúl Castro tomó las riendas de esa nación de forma provisional en 2006 debido a serios problemas de salud que sufrió Fildel.

    En 2008, fue nombrado oficialmente mandatario de Cuba con la misión de estructurar un plan integral para superar una progresiva crisis financiera.

    Satisfacer los deseos de más aperturas sociales y económicas de un pueblo con medio siglo de sometimiento representa una labor titánica, pues el gobierno debe evitar que las iniciativas representen una desvinculación del sistema totalitarista.

    Hospedarse en un hotel era algo proscrito para un cubano durante la era de Fidel Castro, pero desde 2008 se ha permitido que los ciudadanos de la isla lo puedan hacer, así como rentar un vehículo.

    No obstante, no hay tanta liberalidad en estas medidas como se supone; "si uno se queda en un hotel o alquila un carro lo investigan y lo interrogan para saber de dónde sacó el dinero porque el cubano promedio, la mayoría mejor dicho, no lo puede hacer", dice Mario, un trabajador de la construcción.

    Otra flexibilización del Estado tiene que ver con el permiso otorgado a los cubanos para que puedan comprar electrodomésticos.

    Recortes

    La medida más profunda puesta en práctica en la era post Fidel es el proceso de despido a corto plazo de 500 mil trabajadores estatales que integran una planilla de 4.3 millones de trabajadores, un tercio de la población.

    Al mar de personas cesanteadas se le ha dado la oportunidad de adquirir una licencia de trabajador por cuenta propia para tener de esta forma una nueva fuente de ingresos.

    Esperanza
    La población cubana espera con expectación la celebración del congreso del Partido Comunista de Cuba (PCC) a mediados de abril, en el que se podrían aprobar nuevos y más radicales cambios.

    Entre las medidas que se analiza aprobar está la anulación de la doble moneda, que fue aprobada en 2004 por Fidel Castro.

    Los cubanos perciben la mayoría de su sueldo en pesos cubanos, pero gastan en Pesos Convertibles Cubanos (CUC), que tiene un valor casi equivalente al dólar.

    El salario promedio de un cubano es de 17 dólares, suma que apenas ajusta para comprar comida subsidiada para menos de dos semanas por medio de la cartilla de alimentos.

    En este cónclave también se discutirá si se autoriza con menos restricciones a los cubanos la compraventa y arrendamiento de viviendas, como paliativo para reducir el déficit habitacional.

    "En realidad no hemos visto cambios que terminen de solucionar nuestros problemas de alimentos, por lo que seguimos esperando nuevos cambios", manifiesta Josué, un vendedor de artesanías.

    Según este habitante de La Habana, un verdadero signo de cambio se vería si, por ejemplo, se le permitiera a todos poder viajar fuera del país cuando así lo dispongan y con la autorización del Estado.

    La nueva cara del modelo cubano se podrá ver terminada en unos 5 años, según estima el presidente Raúl Castro, porque, a su juicio, estas medias no deben dar espacio a la "improvisación".

    Mientras Raúl toma el tiempo para terminar ese proceso, miles de mesas en Cuba siguen deficitarias de alimentos.

    Alex Flores

    Fuente: El Heraldo


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