21 jun. 2011

"El tudense Pérez Serantes fue el obispo de la Revolución que salvó a Fidel"

Monseñor Enrique Pérez Serantes, 1960.
El historiador Ignacio Uría afirma que este primado de la Iglesia cubana, emigrante gallego, denunció a Batista, colaboró con la guerrilla que llegó al poder y se enfrentó a la deriva castrista.

"Gallego de Tui, Primado de la Iglesia cubana, fue el Tarancón cubano, muy comprometido con la democracia, capaz de denunciar los atropellos del régimen de Batista pero también la deriva anticatólica de la Revolución Cubana". Con trazos como estos definió el historiador Ignacio Uría en el Club FARO a Enrique Pérez Serantes, arzobispo de Santiago de Cuba y Primado de la Iglesia católica cubana entre 1948 y 1968, en la charla que le presentó Alberto Cuevas, jefe de prensa del Obispado de Tui-Vigo.

Hijo de familia de agricultores tudenses salvo su padre que fue guardia civil, Uría dijo de él que "conoció los rigores de la Galicia agraria de aquel tiempo, que abandonó para no cumplir el servicio militar, y ese componente de su biografía explica su compromiso con esa parte de la sociedad cubana marginada, como los trabajadores portuarios".

Uría, al que la editorial Encuentro acaba de publicar "Iglesia y revolución en Cuba. Pérez Serantes, el obispo que salvó a Fidel Castro" (Premio de Investigación Histórica Jovellanos 2011), lo considera "una personalidad gigantesca en la historia cubana por sus actividades a lo largo de varias décadas". Nunca fue según este estudioso de su vida un marxista, ni siquiera un sacerdote que abrazara la teología de la liberación pero estaba muy comprometido con los católicos cubanos y, sobre todo, los que pasaban por una situación social y económica indigna. Apoyó el derecho de los cubanos a levantarse en armas contra un régimen ilegítimo y es en ese momento cuando aparece como ´el obispo de la revolución".

Nacido en 1883 (falleció en 1968), emigrado a La Habana en 1901 tras sus estudios de seminario, luego se doctoró en Roma en Teología, Derecho Canónico y Filosofía Eclesiástica. En 1949, a los 66 años edad, Enrique Pérez Serantes fue promovido a la sede primada de Santiago de Cuba en sustitución del fallecido Valentín Zubizarreta. Tomó posesión el 5 de marzo de ese mismo año y permaneció al frente de la primera archidióceis cubana hasta su fallecimiento en 1968.

En esas dos décadas vivió en primera persona turbulentos sucesos políticos y sociales, siempre con un papel mediador y crítico con los abusos de poder. En especial, a partir del 26 de julio de 1953, día del asalto en Santiago de Cuba al cuartel Moncada –segunda fortaleza del país- por un grupo de rebeldes liderado por un joven Fidel Castro de 26 años. Esta es una fecha capital en la biografía de Enrique Pérez Serantes, ya que en los días posteriores al ataque fue requerido por las fuerzas vivas de Cuba para evitar que Castro fuera fusilado. En esa misión llegó incluso a participar personalmente en la búsqueda del líder rebelde, que se escondió en las cercanías de la capital oriental hasta su rendición una vez que supo que Pérez Serantes era el garante de su vida.

Durante la década de 1950, el arzobispo oriental tejió un fuerte vínculo con el Movimiento 26 de Julio, grupo guerrillero alzado contra la dictadura del general Fulgencio Batista. "A las reiteradas denuncias de Pérez Serantes de la violencia existente en Cuba, se unió su colaboración con el movimiento rebelde, en el que había una amplia mayoría de católicos, sobre todo en las ciudades. En su legendario discurso de su triunfo la noche del 1 al 2 de enero, Castro invitó a Pérez Serantes a aparecer junto a él en el balcón del Ayuntamiento de Santiago de Cuba, justo enfrente de la catedral, que abrió sus puertas para que el líder cubano pudiera ver el sagrario en todo momento"

Sin embargo, la progresiva influencia del ala comunista del 26 de Julio convirtió a Pérez Serantes en un duro opositor. A partir de 1961, un año crítico para los católicos cubanos, perseguidos sobre todo tras el fracasado intento de invasión de Playa Girón, su lucha contra el nuevo poder incluyó pastorales de títulos tan provocadores como "Roma o Moscú o Ni parias ni traidores".

F. Franco

Fuente:  Farodevigo


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