7 oct. 2011

Presos políticos



LAS Damas de Blanco representan el anhelo constante de una libertad. Cualquier postura política exenta de parámetros violentos puede ser defendida, puede ser expuesta y coordinada, y la capacidad para expresarla nada tiene que ver con una ideología conservadora o progresista. Dejando para un segundo momento el análisis sobre el discurso de estas familiares de presos políticos cubanos, defender su derecho a salir a la calle y proclamarlo es estar también a favor de las Madres de la plaza de Mayo, por más que las posturas parezcan enfrentadas en la causa primigenia. Porque, ¿qué plano ideológico separa a unas mujeres de otras, unas habiendo tomado ya la plaza en su vigor de años, para denunciar las "desapariciones forzadas" de sus hijos bajo una dictadura militar, y otras, gritando a voces llenas que también sus hijos, sus maridos o hermanos, hoy siguen en prisión por expresar opiniones disidentes? Sin embargo, a una parte de la izquierda -afortunadamente, no a toda- se le sigue llenando la garganta cuando defiende a unas -porque el enemigo, aquí, es el crimen estatal organizado contra una ciudadanía progresista, víctima terrible de una dictadura militar anticomunista-, mientras, al mismo tiempo, ignora a las otras madres, para no criticar la dictadura comunista.

Presos políticos son aquellos que han sido metidos en prisión por expresar libremente sus ideas de índole ideológica. No importa que lo hagan en una dictadura estalinista o fascista: cada vez que un hombre o una mujer es privado de su libertad por expresar libremente su opinión, se produce un rapto ideológico de esa misma opinión, se le hurta a ese ciudadano su derecho natural a serlo. Entiendo que cada uno tiene sus simpatías programáticas, pero no puedo entender a quien condena unos atropellos y disculpa otros, en función de sus preferencias personales: porque el crimen, aquí, no consiste en criticar un sistema u otro, sino en la instauración de un bozal estatal.

Todos estos asuntos, en teoría, forman parte de un debate que podríamos creer superado. Pero ahora aparecen las Damas de Blanco y son acusadas, y hasta algún actor de nombre más que olvidable llamó terrorista a un preso político cubano, asimilando la doctrina oficial, mientras sigue llorando a Víctor Jara. Yo también lloro a Víctor Jara, pero la ideología no puede estar por encima de la dignidad. Un asesinato es un asesinato, torturar es torturar y encarcelar también, independientemente de que la supuesta supremacía ideológica estatal sea una derecha militarizada o un estalinismo policial. Ahora, cuando regresa a nuestra actualidad la expresión "presos políticos", recuerdo que en España, afortunadamente, nadie lo es desde 1978: porque aquí sí contamos con libertad de expresión, y otro tema es que cualquier delincuente común cumpla su condena. Pero, sin esa libertad, todo preso político es merecedor de la misma protesta, de idéntica repulsa.

Por Joaquín Pérez-Azaústre

Fuente: Diario de Sevilla


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