25/2/2011

Egipto: "Mensajes a García" a Cuba e Irán


Castro, Chávez y los iraníes parecen tener demasiada prisa por evadir los silogismos comprometedores o los ejemplos refractarios que los tienen a ellos como indeseables modelos a evitar, y hacen lo posible por simplificar al extremo lo que sucede en el Medio Oriente.

Nadie debe dejar de seguirle la pista a los argumentos esgrimidos por Fidel Castro y la dirigencia iraní en torno a los verdaderos motivos de las revueltas de Túnez y Egipto, hoy en proceso de réplica en otras naciones del mundo musulmán. 

Ambas vocerías han querido retratar las revueltas como desarrollos exclusivamente antinorteamericanos; como legítimas rebeliones que llevadas adelante en contra de tiranías amigas de Israel y del Pentágono, acumuladoras de riquezas, expoliadoras de pueblos que traicionan la soberanía popular. Ni dejar de advertir, incluso en Venezuela, el esfuerzo semántico hecho por el gobierno para salir peinados en la foto: el "profundo espíritu democrático", dijo Miraflores, que anima la revuelta revolucionaria en cuestión. 

Castro, Chávez y los iraníes parecen tener demasiada prisa por evadir los silogismos comprometedores o los ejemplos refractarios que los tienen a ellos como indeseables modelos a evitar, y hacen lo posible por simplificar al extremo lo que sucede en el Medio Oriente. Independientemente de que sea cierto, porque nadie lo duda, que las satrapías caídas en desgracia fueron aliadas estadounidenses en la zona, todo lo acumuladoras de riquezas y privilegios que documentan los reportes internacionales.

1. Tanto en Túnez como en Egipto, y ahora en Bahrein, Yemen, Libia y Argelia parece tener lugar una revuelta ciudadana sin plataformas doctrinarias para ejercer de forma irrestricta el albedrío individual. Una fresca ventolera de carácter libertario que persigue colocar en una plataforma digna la relación de los ciudadanos con el estado. Eso que jamás entendió el leninismo clásico ni el torpe colectivismo de la vieja izquierda latinoamericana: que a nadie se le pueden imponer deberes colectivos si no se le respeta, primero, su fuero personal. 

Lo que quieren los ciudadanos árabes hoy insurgentes es derecho a disentir y organizarse; a usar Internet sin regulación alguna; a ejercer el derecho a la sindicalización y a la huelga; a decidir la educación de sus hijos; a elegir a sus gobernantes y a cambiar de presidente cada cuatro o cinco años conforme lo exprese la voluntad popular. El fin de la censura, de las obligaciones impuestas, de los límites al comprar bienes y servicios, de los condicionantes en la vestimenta.

Esos valores de la "democracia burguesa" que son abominados, cada uno a su manera, por los clérigos iraníes fanatizados ­de quienes el siniestro Mahmoud Ahmadijenad es apenas un instrumento­ , y por un personaje como Castro, con toda la jerarquía del Partido Comunista de Cuba el remolque, a quien, con notable acierto, Enrique Krauze a retratado como un "teólogo político", último oficiante de esa religión laica del siglo XX que fue el marxismo­leninismo. 

En ambos extremos del tablero ideológico se registra, en rigor, la misma mojigatería estúpida ante las novedades, la vanguardia cultural, la moda, el arte, los placeres mundanos, los medios de comunicación masivos y el desarrollo de la tecnología. Ante cualquier expresión humana que tenga vuelo propio y no guarde reverencias ante la tradición existente que ellos pretenden representar. Por eso son tan eficientes prohibiendo contenidos y regulando Internet. Por eso sus experimentos vinculados al entretenimiento ­TeleRebelde o Teves­ representan fracasos tan espectaculares. Es un libreto unidimensional y monocorde.

2.­ Lo que quieren los ciudadanos de los países en cuestión es, precisamente, eso que algunos tiranos de realidades paralelas, aludidos con los mensajes a garcía que producen circunstancias ingobernables, no permiten en sus países. Los impresentables y admirados amigos del presidente venezolano, ya celebre en el mundo por cerrar un canal de televisión y un tropel de emisoras de radio, y que, como Murabak, no esconde su interés en gobernar otros trenita años más. 

No es casualidad constatar cómo, para todo efecto, Chávez y Castro invocan de forma interesada el criterio de la soberanía nacional, adulterando su significado y secuestrándolo para su uso personal cuando toca hablar de estos temas. 

La soberanía de un estado nacional es una realidad viva e incontrovertible si ella es el producto de la voluntad libérrima de sus ciudadanos, en ejercicio pleno de todas sus libertades y sin componendas o condicionantes de ninguna especie. Es la sociedad la que le otorga validez a la soberanía del estado, nunca al revés. La doctrina y las leyes se hicieron para regular la vida de las personas en sociedad: son los seres humanos que viven en un país las que deben escoger el estado y el tipo de gobierno que se van a dar. En caso contrario, la soberanía no pasa de ser una abstracción secuestrada por el mandatario vitalicio de turno. El estado tendrá sus efemérides, sus desfiles y sus fetiches patriotas, pero jamás será soberano.

3.­ ¿Es soberana Cuba frente a Estados Unidos, como siempre afirman sus ­todavía­ defensores? Nicolae Ceaucsescu, el "Conducator" rumano, se ufanaba de la política exterior autónoma, completamente soberana de los centros de poder de entonces, que llevaba adelante su administración. Terminó fusilado y barrido en una revolución popular. 

Fidel Castro se ha apropiado de la soberanía cubana para retar la política exterior de los Estados Unidos, seduciendo con ello intelectuales dúctiles extraviados con el síndrome de David y Goliat. Para ello, poco o nada importa la opinión de los ciudadanos cubanos, impedidos siquiera de escoger al presidente que los va a gobernar con el voto directo y secreto. 

Soberano es, hoy, el pueblo de Egipto. Como fueron soberanos los checos en 1968, los portugueses en 1976, los nicaragüenses en 1979, los alemanes en 1989 y los venezolanos en 1958.
 
Alonso Moleiro 

Tomado de: TalCualDigital 


Video: Los 18 días de protesta que cambiaron la historia de Egipto

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