7 dic. 2010

Falta de libertad

Se cuentan unas 590 prisiones por toda la isla.
Ya está, no hacen falta más palabras para definir la situación. Una visita al mes, un pequeño paquete con artículos de primera necesidad e higiene cada cuatro meses, correspondencia personal censurada, una llamada de teléfono al mes, tres metros cuadrados, ningún contacto con el resto de prisioneros, y torturas en un régimen de absoluto aislamiento para lograr la pérdida de todo vínculo social con otros seres humanos y quebrar su voluntad. Cuando no se logra romper a esos seres humanos, se ataca a sus familiares y se rompen familias, sumando al desarraigo la división de su círculo más íntimo, un doble castigo por pensar con libertad y decirlo en voz alta. En esas condiciones sobreviven todavía 11 de los 75 prisioneros de conciencia cubanos de la primavera negra del 2003.

El testimonio de las condiciones de su encarcelamiento lo conocemos por algunos de ellos, que han sido desterrados y están ahora desperdigados por España, tras 7 años y 4 meses en prisión en condiciones infrahumanas en las más de 200 prisiones existentes (oficialmente) en Cuba, un dato más entre los cientos que ilustran lo que ha sucedido en la isla desde 1959, fecha lejana en la que comenzó esta tragedia. En 1959 y con una población de 6,5 millones de habitantes el país contaba con 20 prisiones. En 2010 esa cifra se ha multiplicado por 10, con solamente el doble de población, resultado del incremento de la población reclusa, estimada en 130.000 reos, por sus ideas y las leyes del régimen cubano con nuevos tipos criminales que persiguen desde la homosexualidad hasta el ejercicio del periodismo.

Resulta difícil imaginar una situación más triste y agobiante, una situación que, adicionalmente, les ha dejado a los presos políticos ahora desterrados secuelas físicas de por vida y que, sin embargo, relatan con orgullo. Estos 75 presos políticos pueden estar orgullosos de haber tenido durante más de siete años al mundo pendiente de ellos, y encarnar la defensa de la libertad del ser humano como primer elemento, y la solidaridad internacional como segundo elemento. Como muestra del delirio del régimen cubano, la cifra de 75 no es casualidad.

Corresponde al compromiso asumido por Fidel Castro cuando 5 de sus espías fueron apresados en los Estados Unidos y prometió al pueblo que por cada uno de los espías apresaría a 15 disidentes, con la idea original de intercambiar a los 75 presos políticos los por los 5 espías. Lamentablemente su liberación no ha sido fruto de un cambio en Cuba, sino producto de la presión ejercida por esposas, madres e hijas unidas en el colectivo de las Damas de Blanco; de la lamentable muerte de Orlando Zapata; de la huelga de hambre de 135 días de Guillermo Fariñas; y de millones de voces anónimas y el clamor internacional que han forzado la excarcelación de 52 hombres que cumplían condena y un día fueron trasladados desde la celda hasta el aeropuerto, en una operación de lavado de imagen del régimen cubano.

Lo más importante es que no olvidemos que la liberación no es un signo de cambio en Cuba. Hubiera sido un signo de cambio si la liberación se hubiese producido en la isla y propiciado un diálogo y debate interno de cambio y reforma, que es lo que necesita el pueblo cubano. Pero no ha sido así, no perdamos las referencias, miremos al pasado y preguntemos qué es lo que pasó para que no vuelva a suceder.


Javier Flores

Tomado de: Diario Directo



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