23 ene. 2011

Lejos está Cuba de vivir en libertad

Cortesía de Aristide
Lejos está Cuba de vivir en libertad. El concepto permanece vigente. Ahora que Wikileaks reveló su enésimo informe diplomático (no tan clamoroso como los primeros), respecto de la Iglesia católica y su rol en ese país, surge naturalmente la pregunta: ¿cómo es la situación social y política en la isla? ¿han cambiado las cosas? Los testimonios de primera mano no son muy alentadores, pese a las expectativas abiertas en los últimos meses.

Este fin de semana pude dialogar en corto con un católico cubano. Por desgracia no puedo citar su nombre, como me dijo una amiga suya: “él de política no puede hablar, porque en Cuba vive”. Igualmente las cosas las tiene claras: hoy por hoy la Iglesia allí eligió el camino de los primeros cristianos, vivir en comunidad de amor y dedicarse a los desfavorecidos, siempre en el más rotundo silencio.


Una estrategia de supervivencia pero también de amor a Cristo. Lo católicos cubanos pueden subsistir siempre que no se conviertan en un fastidio para el gobierno. Así de simple. Y eso que, en los últimos años, las cosas parecen haberse distendido. Las reformas aplicadas por Raúl Castro, obligadas por las circunstancias, despertaron muchas expectativas pero se quedaron sólo en eso, un tibio signo de apertura.

De todas maneras la Iglesia católica, a nivel institucional, ganó importancia en los últimos meses gracias a la negociación que vio como protagonista, en primera persona, al cardenal Jaime Ortega y Alamino, arzobispo de La Habana. El purpurado se sentó con Castro y ambos acordaron -en 2010- la liberación de 52 presos políticos, de los cuales 11 todavía no abandonan el cautiverio porque rechazan el exilio.

Por eso no pude evitar la tentación de preguntar a mi testigo ¿cómo se logró semejante avance?. La respuesta fue sencilla: “los miembros del partido comunista tienen ascendencia católica y prefieren tener a la Iglesia como interlocutora antes que a las sectas protestantes, que ven como una amenaza venida de Estados Unidos”. Además me confirmó que existen muchos grupos religiosos minoritarios que son totalmente proclives al gobierno y, por ello, no gozan de credibilidad.

Las circunstancias internacionales y políticas han abierto una espiral de conveniente (pero mínima) apertura oficial y las instituciones eclesiásticas han aprovechado. Con un realismo evangélico. Ortega y los demás saben que pelearse con el régimen no les llevará a nada, prefieren aplicar una “realpolitik”. Así la Iglesia obtuvo, en los últimos dos años, diversas concesiones.

En febrero de 2008 el secretario de Estado del Vaticano, Tarcisio Bertone, visitó la isla para las celebraciones de la Virgen de la Caridad del Cobre y fue recibido por todo lo alto. Mientras el gobierno le ofreció un avión privado para trasladarse, en los meses posteriores -esas mismas autoridades- escamotearon autobuses a los fieles que querían acudir en masa a la beatificación del religioso José Olallo Valdés. La excusa fue la seguridad, pero los políticos tenían miedo que a la misa asistieran muchas más personas que a los eventos del partido.

La ceremonia que vio la elevación a los altares de Olallo, enfermero de la Orden de los Hospitalarios, que dio su vida por los últimos de los últimos, tuvo lugar el 29 de noviembre de 2008 en la ciudad de Camagüey. Fue la primera beatificación en la historia de la isla, un episodio sin precedentes. Por eso Raúl Castro no se la pudo perder y tuvo transmisión televisiva en vivo. 

En 2010 la Iglesia cubana logró también, por ejemplo, la construcción del seminario de La Habana, el primero en edificarse en los últimos 50 años. Una gran parte del costo lo sufragó el Papa Benedicto XVI con los aportes de fieles romanos que participaron en la misa del Jueves Santo, unos años atrás. Por otro lado los obispos lograron duplicar el número de religiosas en el país, que pasaron de 300 a 600 en el último decenio.

Igualmente todas estas concesiones tuvieron lugar siempre en un régimen de excepción, bajo el control escrupuloso de las autoridades comunistas. “Llevamos 50 años de excepción”, es el lamento casi resignado de una activista católica italiana que a Cuba la lleva en el alma. Efectivamente la libertad de hacer el bien tampoco existe. La Iglesia no tiene reconocimiento jurídico (y no lo quiere). Sabe que tenerlo significaría estar (aún más) a expensas del gobierno.

Por otro lado ninguna institución eclesiástica, movimiento o grupo religioso puede hacer caridad así como así. De hecho si un grupo quiere distribuir por su cuenta alimentos o ropa a los pobres, no puede hacerlo. Debe primero tramitar el permiso correspondiente y, si lo obtiene, serán los propios agentes gubernamentales a entregar los apoyos. No vaya a ser que los pobres terminen dando su fidelidad al patrón equivocado.

Las restricciones son permanentes, los permisos temporales. Siempre que los políticos hacen una excepción, la hacen por única vez. Después está el régimen de la tolerancia. Por ejemplo, aunque están prohibidas todas las publicaciones periódicas, en realidad todas las diócesis del país cuentan con sus revistas. Aunque el internet está permitido sólo a extranjeros con costo de 72 dólares [pesos] la hora, la Iglesia tiene sus sitios web. Todo siempre en un régimen de excepción, porque quien detenta el poder se reserva el derecho de aplicar la ley cuando algún actor de la sociedad se vuelva fastidioso, para el régimen y el “status quo”. Como ya dicho: lejos está Cuba de ser libre.

por Andrés Beltramo


Tomado de: Info Católica


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