14 may. 2011

La indignidad de la dictadura cubana

Los hermanitos Castro no quieren dejar el poder.

La muerte por una pancreatitis —que tiene todos los visos de haber sido producida por una paliza de la policía política castrista- del disidente cubano Juan Wilfredo Soto García es sólo una muestra más de que nada ha cambiado en Cuba. 

Algo se mueve en las estructuras del régimen, a sabiendas de que la continuación de la dictadura totalitaria no es sino una huída hacia delante, ya que el comunismo se ha revelado como un auténtico fracaso económico y social, mostrando sólo su eficacia -por lo demás, demoledora- en lo que se refiere a la represión de los derechos humanos. Por eso el cambio es sólo cosmético. 

Los actuales dirigentes cubanos se resisten a abandonar un poder que han acaparado ilegalmente durante más de medio siglo; y por ello intentar distraer la atención con anuncios tales como el permiso del que a partir de ahora dispondrán algunos cubanos para salir de la isla.

La realidad es que entre la complejidad de los requisitos exigidos y la precaria renta per cápita de los cubanos, muy pocos serán los que puedan beneficiarse de esta medida. Y los que sigan allí, tendrán que hacerlo sin protestar, no vaya a ser que los maten de una paliza como a Juan Wilfredo Soto. 

La permisividad de un cierto sector de la opinión pública ha vuelto a pasar factura. Sólo así se explica la muerte impune a golpes de un ciudadano inocente por el mero hecho de discrepar de una de las dictaduras más longevas del mundo. Pero por desagradable que sea, hay que denunciarlo. Eso le costó también la vida a Orlando Zapata y casi acaba con la de Guillermo Fariñas. Y tantos otros. Demasiados como para que el castrismo siga impune.


Fuente: El Imparcial

EL RÉGIMEN NO TIRA LA TOALLA.



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