3 ago. 2011

Raúl Castro deja en el aire sus proyectos de reformas

Cortesía de Omar Santana.

Cuba sigue sin saber nada de los cambios migratorios o económico.

Raúl Castro finalmente habló, pero dijo poco. Nuevas promesas sin plazos ni condiciones, como la flexibilización de la política migratoria, y ningún detalle sobre la aplicación del plan de medidas destinado a “actualizar” el sistema económico de planificación centralizada. Los cubanos se quedaron con las ganas de saber qué pueden esperar del proyecto de reformas que impulsa su presidente y cómo las nuevas reglas del juego afectarán sus vidas.

Los cambios, sancionados en el último congreso del Partido Comunista de Cuba (PCC) el pasado mes de abril, incluyen la compraventa de automóviles y viviendas entre particulares o la reestructuración del mercado laboral con el establecimiento de microempresas para paliar la eliminación anunciada de un millón de empleos en el sector público.

Estos cambios también prevén ayudas para decenas de miles de agricultores que han recibido tierras ociosas en usufructo sin créditos ni maquinaria para hacerlas producir.

Lejos de precisiones y de satisfacer las expectativas de los cubanos, el general Castro agitó un nuevo señuelo. En la clausura de la sesión plenaria de la Asamblea Nacional, el presidente anunció que su Gobierno trabaja para suavizar las restricciones del actual régimen migratorio, si bien eludió cualquier detalle sobre el futuro de la tarjeta blanca, el ansiado salvoconducto oficial para salir del país cuya tramitación cuesta unos 400 dólares (más de veinte veces el salario medio mensual) y puede demorarse meses, siempre y cuando el dictamen sea positivo.

No es la primera vez que Castro ofrece cambios en ese frente. En mayo del 2008 expresó la voluntad de simplificar los trámites de entrada y salida a la isla pero sus intenciones nunca se concretaron. Interesantes, sin embargo, las acotaciones que hizo ante el pleno del legislativo sobre las causas de una eventual distensión en la política de viajes. Por un lado, el reconocimiento implícito de la incapacidad del régimen para dar trabajo y oportunidades a sus ciudadanos: “Hoy, los emigrados cubanos en su aplastante mayoría lo son por razones económicas”. Del otro, su impotencia para frenar la sangría de profesionales y académicos que abandonan Cuba porque en la isla no pueden desarrollar sus capacidades: “Se incluirán contramedidas razonables para preservar el capital humano creado por la Revolución frente al robo de talentos que aplican los poderosos”.

Junto a la apertura selectiva del grifo migratorio, el presidente cubano formuló otras crípticas descripciones del proceso de avance de las reformas que pretenden salvar al país de la bancarrota, aunque según sus cifras el PIB nacional crecerá este año un 2,9%. “El Parlamento acordó respaldar y aprobar en su espíritu y letra los Lineamientos de la política económica y social del partido y la revolución (ratificados en el congreso de abril), lo que se traducirá en una labor legislativa acrecentada para conformar las bases legales e institucionales a favor de las modificaciones funcionales, estructurales y económicas del país”, dijo.

Una comisión ad hoc “conducirá el proceso de actualización (…) y elaborará la conceptualización teórica integral de la economía socialista cubana, tarea que, como se comprenderá, requerirá de más tiempo y mucho esfuerzo”, avanzó Castro, sin dejar de arremeter contra las trabas del aparato. “Advierto que toda resistencia burocrática (...) será inútil. Limpiémonos la cabeza de tonterías de todo tipo, no olviden que ya concluyó la primera década del siglo XXI, y es hora", sentenció con dureza.

Elisabet Sabartés

Fuente: La Vanguardia



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